1Después llegó a Derbe y a Listra; y he aquí, había allí cierto discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego;13Y un día de reposo salimos fuera de la puerta, junto al río, donde solía hacerse la oración; y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían reunido.14Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía.16Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando.17Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación.25Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían.30y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?31Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.32Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa.33Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos.34Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios.