«¡Levántate y aplasta a las naciones, oh Jerusalén! —dice el SEÑOR—. Pues te daré cuernos de hierro y pezuñas de bronce, para que pisotees a muchas naciones hasta reducirlas a polvo. Presentarás al SEÑOR las riquezas mal habidas de esas naciones, sus tesoros al SEÑOR de toda la tierra».