Cierra sus ojos para pensar perversidades; Mueve sus labios, efectúa el mal.
Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas.
Juan 3:20
Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente, Y han cerrado sus ojos; Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y con el corazón entiendan, Y se conviertan, Y yo los sane.
Mateo 13:15
El hombre perverso cava en busca del mal, Y en sus labios hay como llama de fuego.
Proverbios 16:27
Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad.
Isaías 6:10
El que guiña el ojo acarrea tristeza; Y el necio de labios será castigado.
Proverbios 10:10
El hombre malo, el hombre depravado, Es el que anda en perversidad de boca;
Proverbios 6:12
Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado.
Mateo 27:26
El que guiña los ojos lo • hace • para tramar perversidades; el que aprieta los labios ya hizo el mal.
LBLA
Con los ojos entrecerrados se trama el mal; con una sonrisita se planean las maldades.
NTV
El que guiña el ojo trama algo perverso; el que aprieta los labios ya lo ha cometido.
NVI
guiña el ojo al tiempo que está planeando algo malo y sonríe mientras planea hacerle daño a su semejante.
PDT