1Levantando los ojos, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca de las ofrendas.2Vio también a una viuda muy pobre, que echaba allí dos blancas.3Y dijo: En verdad os digo, que esta viuda pobre echó más que todos.4Porque todos aquéllos echaron para las ofrendas de Dios de lo que les sobra; mas ésta, de su pobreza echó todo el sustento que tenía.11y habrá grandes terremotos, y en diferentes lugares hambres y pestilencias; y habrá terror y grandes señales del cielo.15porque yo os daré palabra y sabiduría, la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se opongan.19Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas.20Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado.24Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan.25Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas;33El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.34Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día.35Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra.36Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre.