11Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda.12Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció.13Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.14Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.21Le dijeron: De César. Y les dijo: Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.23Aquel día vinieron a él los saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron,29Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios.30Porque en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo.32Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.34Entonces los fariseos, oyendo que había hecho callar a los saduceos, se juntaron a una.36Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?37Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.38Este es el primero y grande mandamiento.39Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.40De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.44Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?