Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.
— Juan 14:6por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,
— Romanos 3:23Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;
— Mateo 28:19Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.
— Gálatas 2:20Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.
— Romanos 8:1Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.
— Hebreos 11:6Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.
— Romanos 8:6Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.
— Efesios 6:12Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar;
— 1 Pedro 5:8Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.
— Romanos 7:18Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados,
— Efesios 4:1Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros.
— 1 Juan 4:12Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.
— Gálatas 5:17que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita.
— 2 Timoteo 3:5Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.
— Romanos 7:19Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos.
— 1 Juan 5:3Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?
— 2 Corintios 13:5En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.
— 1 Juan 4:18manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras.
— 1 Pedro 2:12Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.
— 1 Corintios 13:1Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe.
— 1 Juan 5:4Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra.
— Tito 1:16Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.
— Apocalipsis 14:12Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden;
— Romanos 8:7Hermanos míos, no os extrañéis si el mundo os aborrece.
— 1 Juan 3:13Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre.
— 1 Juan 2:12Pero éstos, hablando mal de cosas que no entienden, como animales irracionales, nacidos para presa y destrucción, perecerán en su propia perdición,
— 2 Pedro 2:12mientras que los ángeles, que son mayores en fuerza y en potencia, no pronuncian juicio de maldición contra ellas delante del Señor.
— 2 Pedro 2:11el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre,
— Gálatas 1:4Os aseguro, hermanos, por la gloria que de vosotros tengo en nuestro Señor Jesucristo, que cada día muero.
— 1 Corintios 15:31