1También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar,8Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?9A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola:10Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano.11El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano;12ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano.13Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.14Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.15Traían a él los niños para que los tocase; lo cual viendo los discípulos, les reprendieron.16Mas Jesús, llamándolos, dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios.17De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él.18Un hombre principal le preguntó, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?19Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo Dios.20Los mandamientos sabes: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre.27El les dijo: Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios.